ElenaMoreno


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LUGAR DE CELEBRACIÓN

Polvorín de la Ciudadela

FECHA INICIO

18/01/2019

FECHA FIN

10/03/2019

HORARIO

1 noviembre - 30 abril: Martes a viernes: 18:00 - 20:30 . Sábados: 12:00 - 14:00 y 18:00 - 20:30. Domingos y festivos: 12:00 - 14:00.

MÁS INFORMACIÓN

El proyecto expositivo ‘Hasta donde llega el agua’ de la artista Elena Moreno podrá verse en el Polvorín de Ciudadela desde el 18 de enero al 10 de marzo de 2019, con entrada libre. La exposición se puede visitar en horario de martes a viernes: 18:00 – 20:30 . Sábados: 12:00 – 14:00 y 18:00 – 20:30. Domingos y festivos: 12:00 – 14:00. Los lunes está cerrada.

El proyecto fotográfico de Moreno sucede al amanecer y engloba un ciclo anual completo que se extiende, desde febrero de 2016, a febrero de 2017. Las instantáneas, en un juego de luces y reflejos, de texturas, y de espacios ocupados o aparentemente desocupados, ofrecen serenidad y desorden en confusión, la vida misma. El transcurrir del tiempo, también del biológico, se abre paso al albur del agua de Yesa. Los materiales presentes en el escenario escogido, el movimiento que los sumerge y los vuelve a arrojar ante el espectador, son capturados por la cámara de la autora que ofrece pequeños vistazos a un conjunto que, el que mira, debe componer. La muestra es un único retrato, ya que es el conjunto de fotografías el que da sentido al concepto glabal para espectador.
Definida por su autora como “un retrato íntimo y personal del pantano” la muestra fotográfica, a modo de Haiku, está atravesada por pequeños poemas sobre la naturaleza, pero también sobre sentimientos, sensaciones y reflexiones.

Elena Moreno
Elena Moreno Jordana (Jaca, 1965) es licenciada en Ciencias de la Información y grabadora, con una amplia trayectoria profesional y formación específica en ilustración, diseño gráfico, fotografía y periodismo. Desde 2005 mantiene su propio estudio de diseño gráfico y comunicación.
‘Hasta donde llega el agua’ es su tercera exposición fotográfica, tras ‘Norte de Ettopía’ (2013) y ‘Orillas’ (2016), ambas en Zaragoza. Ha expuesto, además, grabados, en otras muestra colectivas en Pamplona.

La muestra ‘Hasta donde llega el agua’ estará abierta al público hasta el 10 de marzo en horario de martes a viernes de18 a 20.30 horas; sábados de 12 a 14 y de 18 a 20.30 horas y domingos y festivos de 12 a 14 horas.

En su inclasificable El libro de Tamar (2018), la poeta argentina Tamara Kamenszain decide por fin zambullirse en el misterio de un haiku que le había escrito su ex marido quince años antes, al poco de separarse. Para descifrar el enigma de aquellos “bolsones semánticos”, la combinatoria de las cinco letras de su verdadero nombre, recurre por primera vez a la prosa, sin saber por qué ni, sobre todo, cómo. El libro de Tamar cayó en manos de Elena Moreno en el otoño de 2018. ‘Hasta donde llega el agua’, su proyecto fotográfico, nace en realidad mucho antes, pero la lectura de Kamenszain le ha permitido hacer el viaje inverso, de la prosa al poema, y desde ahí indagar en el corazón de su enigma vital. Quizá sin ella misma saberlo, esa lectura conmovedora y luminosa le ha permitido terminar de atar algunos cabos sueltos. La cita es muy pertinente ahora, más de lo que puede parecer.

Durante años, el embalse de Yesa no significó para Elena Moreno (Jaca, 1965) nada más que curvas, mareos recurrentes y, en todo caso, una vieja portería de fútbol junto al Esca, por donde Venta Carrica y el desvío a Roncal, justo antes de que el río desagüe definitivamente. La portería fue siempre el mejor indicador del nivel del agua. Ahora, ya no se pasa por allí. Pero una mañana de enero de 2014, camino de Jaca, Elena llevaba encima su cámara. Aún se pregunta por qué. Ya no se separó de ella. Vinieron después dos años de mañanas y tardes, sin un plan claro. Tanteando el enigma. Y, finalmente, un ciclo completo, de febrero de 2016 a febrero de 2017, siempre al amanecer. Años de cruzar el pantano sin mirarlo, sin mirarse, como tantos esquiadores y montañeros, y de repente una urgente necesidad de parar, bajar y sobre todo compartirlo. Lo que estaba y ya no está. Eso que queda —¿queda algo?— cuando se retira el agua. O lo que cubre —¿cubre algo?— cuando regresa. Porque el agua llega hasta donde llega. Y las cosas no siempre comienzan por el principio. En las fotografías de Elena Moreno no hay alardes ni voluntad de estilo como en otros fotógrafos de la naturaleza. Todo es confuso. En el reposo del embalse hay olas temibles; en el zarzal, serena claridad.

Paisaje después de la batalla o jardín de las delicias, andan por allí —también sin ella saberlo— algunos de sus preferidos, que nada —o todo— tienen que ver con la fotografía: El Bosco, Goya, Anselm Kiefer. Brutal, deliciosamente. También es pertinente citarlos, aunque ella proteste.
Sólo hay que fijarse bien… para seguir sin entender nada. En su libro, Tamara Kamenszain cita al poeta norteamericano Mark Strand, que escribió: “La confusión es un bien necesario. Nunca explica. Solo revela”. Con ese pálpito lo mira todo Elena, pudorosa y abrumada, doliente. Y ni aún así se lamenta ni trata de huir. Tampoco hay melancolía. El río puede ser nostálgico, el embalse nunca lo es. Ella ha decidido estar allí con todas sus consecuencias. Embalse y fotógrafa  mantienen una relación profunda que ya va para cinco años. Cuáles son los términos de esa relación es algo que pertenece a su estricta intimidad y que Elena Moreno, siendo como es, nunca revelará. Salta a la vista en estas imágenes, verdaderos bolsones gráficos, que no son solo amigos. Que detrás hay, semioculta
o semidestapada, una confusa y bellísima historia de amor. Suceden estos prodigios cuando uno se atreve a mirarse al espejo y zambullirse muerto de miedo en él.

Javier Errea Múgica