jorgemartinezuharte


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LUGAR DE CELEBRACIÓN

Horno de la Ciudadela

FECHA INICIO

31/10/2019

FECHA FIN

15/12/2019

HORARIO

martes a viernes de 18:30 a 21.00, sábados de 12:00 a 14:00 y de 18:30 a 21.00 y domingos y festivos de 12:00 a 14:00 horas

MÁS INFORMACIÓN

La sala HORNO de La Ciudadela acoge la exposición ‘El discreto encanto de la fotografía’ del artista jorgemartínezuharte, del 31 de octubre al 15 de diciembre. La exposición consta de una instalación central específicamente ideada para la sala del Horno .

El discreto encanto de la fotografía. jorgemartínezuharte

Me interesa la confusión entre fotografía y burguesía que propone el título de la exposición
—obviamente, haciendo alusión a la película de Luis Buñuel Le charme discret de la bourgeoisie—. No tienen ningún parecido argumental, ni coincidencia estética o filosófica, simplemente la frase pensada por Buñuel, para titular su película, sirve como soporte a la idea de mi propuesta. La confusión, en unalectura rápida, con el título original —de suceder— contribuye al guiño conceptual que propone la obra.

Para un artista que utiliza la fotografía como lenguaje creativo, el medio fotográfico actual —en su mayor parte—, resulta aburguesado, conservador y con un tono especulativo nada reconfortante. Los colectivos, asociaciones, proyectos fotográficos, la autofotografía, la moda de los fotolibros y la intensidad de los fotorreporteros junto a los espacios de experimentación fotográfica, ponen en alerta mi sistema inmunitario. En un medio en el que las producciones adquieren un enorme protagonismo, hace tiempo que realizo piezas de arte lowcost. La fotografía, no como sistema de reproducción y copiado, sí como lenguaje.

Las piezas que realizo habitualmente son únicas. Me interesa especialmente el objeto fotográfico y su disposición en el espacio. Escala, materiales y la relación establecida con el espectador resultan esenciales. El carácter metafórico, irónico o directamente despreocupado —a punto de no ser nada, de no decir nada, de dar importancia a lo puramente anecdótico—, son aspectos fundamentales.

No me interesa nada la reproducción virtual de las obras de arte, ni su inclusión en catálogos o medios digitales. Me parece insustituible la experiencia física de contemplarlas, tal y como las ha concebido y montado el artista, es decir, el momento de enfrentarse y descifrar. Apuesto por la emoción y la tensión espacio-temporal que así se produce. Si no acudes te lo pierdes, esto no es streaming. No hay segunda oportunidad. La actual aspereza, el desinterés social y la precariedad, hacen muy complicado poder mostrar obra de manera coherente y continuada. El esfuerzo de los artistas por construir algo que raramente se pueden permitir y que interesa a muy poca gente hace del acto creativo una actividad suicida desde el punto de vista de la rentabilidad y el sentido práctico —qué pereza, el sentido práctico—.
En mi caso ha de considerarse como un acto de militancia y resistencia.

El discreto encanto de la fotografía
La exposición está compuesta por dos piezas. Una central, que consiste en la construcción de un muro circular, a modo de recinto, con una imagen fotográfica en el interior —protegida de curiosos(1)—. La intención es obligar a una circulación por un corredor perimetral para poder acceder al interior de la obra.
Técnicamente se ha despreciado la hiperrealidad de la fotografía digital, su saturación, contraste y esa perversa tendencia de iluminar las sombras, algo denominado alto rango dinámico —personalmente carezco de alto rango dinámico, me interesan las sombras y las imágenes matizadas de bajo contraste—.
La sesión se realizó muy rápidamente y se ha construido con un software de composición digital para unir las diferentes partes del mural de manera automatizada. Se han utilizado como soporte unos elementos industriales prefabricados de madera, unidos por bisagras de acero pavonado.

La segunda obra es una apropiación de una fotografía de época —aproximadamente de los años cuarenta—, de autor anónimo, rescatada de un anticuario. La idea es recuperar una serie de parodias que realicé en los años noventa, que pone en cuestión los derechos de propiedad intelectual. Consiste en imitar la obra de un autor famoso y cometer una errata en la firma —al estilo de las primeras copias asiáticas, que utilizaban la misma estrategia “nikon/nokin” para evitar problemas legales—. En este caso se ha simulado la inclusión de la fotografía en una colección de prestigio, el Museo Universidad de Navarra.

Recuerdo la sensación que me produjo ver la fotografía colgada en la pared del anticuario, sucia, con mucho polvo y rodeada de multitud de objetos. Me recordó automáticamente a las fotografías de Martín Chambi e inmediatamente al proyecto de Juan Manuel Castro Prieto. Incluir a Joan Fontcuberta en el equipo también surgió de manera automática. Con Fernando Castro Flórez, he de reconocer que me permití una licencia literaria, sonaba tan bien, que no pude evitar la tentación.

La fotografía es una copia fotoquímica en blanco y negro de formato lujoso para tratarse de la posguerra, iluminada a mano y enmarcada con una moldura dorada original.
El título es “Comunión en el altiplano”, del reportaje Perú, viaje al sol. Fotografía realizada por Juan Manuel Castro Pietro, concebida por Joan Fontcubierta y comentada por Fernando Casto Flórez.
Obra para la colección permanente de Museo Universidad de Navarra.

Comisarios/Curadores
Ignacio Albizu, Alfonso Ascunce, Raquel Azqueta, Jesús Cía, Myriam Esparza, Pachi Ezquieta, Eva Gómez, Beatriz Iribarren, Ursula Koller, Andrés Lameiro, Celia Martín, Mireya Martín, Julia Martínez, Violeta Martínez, Roberto Martínez, Paco Polán, Dicky Recalde, Zuriñe Recalde, Germán Salvador, Pilar Salvador, Nikolas Ziganda.

(1)- Dícese de los visitantes que pasaban por ahí. Pertrechados con patines, bicicletas, balones de fútbol y demás artilugios deportivos, que de manera casual, entran en las salas de la Ciudadela por despiste, aburrimiento o extravío y salen articulando un expresivo: Uf !!! ¿Esto es arte?…